Adiós a todo eso…

El pez sin el agua
Por: Rubén PÉREZ ANGUIANO*

A veces quisiera que eso, lo que vemos todos los días, no fuera verdad, pero lo es y no queda sino confiar en que todo lo visto pasará y podremos olvidarlo.

Queda la esperanza, también, que en algún momento miraremos atrás y nos avergonzarnos de lo que sucedió. No es que la vergüenza sea una emoción edificante, pero ofrece cierto consuelo: nos puede decir que no perdimos para siempre cierta brújula moral, cierta rectitud de ánimo.

Quizás entonces podremos decir: “adiós a todo eso”, como lo dijo Robert Graves después de sus años de infancia y juventud, cuando salió de su país para nunca volver.

El tono melancólico y desilusionado de este apunte se refiere a lo que se ve todos los días, en especial a ese afán destructivo hacia las instituciones que en algún momento imaginamos como el esqueleto del debilitado cuerpo social: es decir, algo que pudiera sostenernos para seguir avanzando, por más que cayera la carne y se perdieran los nervios y tendones.

La desilusión reciente se refiere a la triste decisión de la sala superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJE) con relación al caso de Pío López Obrador.

Es fácil apelar al recuerdo colectivo: Pío fue grabado recibiendo sobres de dinero de David León Romero, operador del entonces gobernador, hoy senador, Manuel Velasco. Todo parece indicar que el video fue grabado por el propio David León, quizás para acreditar la entrega de los recursos.

El entonces presidente, Andrés Manuel, en su famosa tribuna mañanera, aceptó el hecho y lo justificó diciendo que esos recursos fueron utilizados para fortalecer “al movimiento”, destinados a gasolina, sonido y organización de eventos.

El propio Pío López, en una entrevista concedida a Expansión Política, aceptó recibir esas aportaciones de las que dieron cuenta los videos.

Digo, a confesión de parte relevo de pruebas.

Pero las instituciones, al parecer inclinadas hacia el mismo “movimiento” referido por el entonces presidente, exoneraron de principio a fin a su hermano.

Esas instituciones dijeron no encontrar elementos de prueba contundentes para determinar que el dinero en efectivo (recibido en sobres amarillos) sirvió para financiar campañas de forma ilícita.

Por eso insisto: mucho de lo que brota estos días despierta desilusión.

Quizás algún día estas cosas nos avergüencen a todos.

Quizás entonces podremos despedirnos de todo eso, de todo lo que perdió la dignidad y hasta la sensatez institucional.

Eso querrá decir que no todo estuvo perdido por estos años.

 

*Rubén Pérez Anguiano, colimense de 57 años, fue secretario de Cultura, Desarrollo Social y General de Gobierno en cuatro administraciones estatales. Ganó certámenes nacionales de oratoria, artículo de fondo y ensayo. Fue Mención Honorífica del Premio Nacional de la Juventud en 1987. Tiene publicaciones antológicas de literatura policíaca y letras colimenses, así como un libro de aforismos.