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Día De muertos: aprender a vivir con la ausencia de quienes amamos

Día De muertos: aprender a vivir con la ausencia de quienes amamos
Por: César Augusto García Avitia

Cada 2 de noviembre, en México celebramos el Día de Muertos, una tradición que nos invita a recordar a quienes han fallecido y a mantener viva su memoria. Los altares, las fotografías, las flores de cempasúchil y las comidas favoritas de nuestros seres queridos representan mucho más que una expresión cultural: también pueden convertirse en una oportunidad para reconocer nuestras emociones y reflexionar sobre el duelo que experimentamos cuando perdemos a alguien importante.
La tanatología es el campo de estudio que busca comprender la muerte, las pérdidas y el proceso de duelo, así como las formas de acompañar a quienes atraviesan estas experiencias. Desde esta perspectiva, el duelo se entiende como un proceso de adaptación que involucra diferentes aspectos de nuestra vida: emocionales, como la tristeza, el enojo o la soledad; cognitivos, es decir, relacionados con nuestros pensamientos, recuerdos y creencias, como pensar constantemente en la persona fallecida o preguntarnos cómo será nuestra vida sin ella; y sociales, como los cambios en nuestras relaciones familiares, las actividades que compartíamos y las responsabilidades cotidianas. Cuando fallece alguien que amamos, no solamente enfrentamos su ausencia física, sino que también debemos aprender a vivir sin compartir nuevas conversaciones, experiencias y proyectos con esa persona.

El duelo puede manifestarse mediante tristeza, enojo, culpa, ansiedad, soledad o incluso alivio, especialmente cuando la muerte estuvo precedida por una enfermedad prolongada. También pueden presentarse dificultades para dormir, falta de concentración, cansancio o cambios en el apetito. Estas reacciones no significan necesariamente que exista un problema psicológico, sino que forman parte de las distintas maneras en que podemos responder a una pérdida.

Es importante comprender que no existe una única forma correcta de vivir el duelo. Algunas personas necesitan hablar constantemente de quien falleció, mientras que otras prefieren guardar silencio. Algunas encuentran consuelo en las reuniones familiares y otras requieren momentos de soledad. Tampoco existe un tiempo universal para superar una pérdida. El proceso depende de múltiples factores, como el vínculo afectivo, las circunstancias de la muerte, los recursos personales y el apoyo social disponible.

Contrario a la idea de que debemos olvidar a quienes fallecieron para continuar viviendo, actualmente sabemos que mantener vínculos simbólicos con nuestros seres queridos puede formar parte de una adaptación saludable al duelo. Recordar sus enseñanzas, conservar fotografías, compartir anécdotas o realizar actividades que disfrutaban son maneras de integrar su memoria a nuestra vida presente.
En este sentido, el Día de Muertos tiene un valor psicológico especial. Preparar un altar, visitar el cementerio o reunirse para recordar a familiares y amistades puede favorecer la expresión emocional, fortalecer los vínculos familiares y proporcionar un sentido de continuidad entre generaciones. Sin embargo, estas celebraciones también pueden intensificar la tristeza, especialmente cuando la pérdida es reciente.
Si estás atravesando un duelo, recuerda que no necesitas aparentar fortaleza todo el tiempo. Permítete sentir tristeza, llorar cuando lo necesites y compartir tus emociones con personas de confianza. También es importante respetar a quienes viven su pérdida de manera diferente.

Cuando el sufrimiento permanece intensamente incapacitante, dificulta de forma persistente las actividades cotidianas o se acompaña de desesperanza profunda, buscar acompañamiento psicológico profesional puede ayudarte a afrontar la pérdida.

Finalmente, el Día de Muertos nos recuerda que el amor y la memoria pueden permanecer aun cuando la presencia física termina. Elaborar un duelo no significa dejar de extrañar, olvidar o dejar de amar, sino aprender a vivir con la ausencia, encontrar nuevos significados y continuar construyendo nuestra vida sin renunciar a los recuerdos.

Quizá esa sea una de las enseñanzas más profundas de nuestra tradición: recordar a quienes partieron también puede ser una manera de celebrar lo que compartimos con ellos y reconocer que su presencia continúa formando parte de nuestra historia.
César Augusto García Avitia

 

Profesor Investigador de Tiempo Completo de la Facultad de Psicología de la Universidad de Colima.
Licenciado en Psicología, Maestro en Psicología Aplicada, Maestro en Bioética y Doctor en Psicología.
Contacto: garciaavitia@ucol.mx

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