Mariana y los tenis que no se compró
Mariana tiene 34 años, trabaja en Villa de Álvarez y lleva tres meses mirando el mismo par de tenis. Le alcanza. Aun así, cada vez que entra sale con las manos vacías y una sensación incómoda, como si gastar en ella fuera quitarle algo a alguien. Su caso es ilustrativo, armado para esta nota, pero cualquiera que haya crecido oyendo que el dinero no se tira lo reconoce.
Esa incomodidad suele venir de lejos. Hay quien aprendió en casa que cada peso tenía que justificarse, y quien pasó una temporada de apuros que le dejó la costumbre de guardar por si acaso. El problema aparece cuando la culpa decide sola y el gasto se pospone aunque las cuentas digan que sí se puede.
Una salida práctica es darte permiso por escrito. Al armar el presupuesto, después de separar lo fijo (renta, servicios, transporte, deudas) y el ahorro, aparta una cantidad para gasto libre, que se usa sin dar explicaciones. Si ese rubro existe desde el día uno, comprar los tenis se vuelve parte del plan. Si te reconoces en Mariana, hay lecturas que ayudan a dejar de sentir culpa al gastar sin irte al extremo contrario. El monto lo define cada quien; basta con que sea realista y se respete.
Don Ernesto y la pregunta sobre Canela
Don Ernesto, otro caso ilustrativo, es viudo, vive en Comala y comparte la casa con Canela, una perra mestiza de ocho años. Sus hijos viven lejos. Después de un chequeo médico se quedó pensando quién recogería a Canela si a él le pasara algo y con qué dinero se pagarían su comida y sus vacunas.
El Código Civil para el Estado de Colima define el testamento como el acto por el cual una persona capaz dispone de sus bienes y derechos para después de su muerte, y reconoce la capacidad para heredar a las personas. Para la ley civil, una mascota es un bien de su dueño, así que no recibe una herencia a su nombre.
Lo que el mismo código permite es dejar el animal a alguien de confianza, con una cantidad de dinero, y encargarle a esa persona su cuidado. La ley colimense prevé que el testador grave con legados a herederos y legatarios, y considera la carga de hacer alguna cosa como una condición resolutoria. Don Ernesto podría nombrar a una vecina o a uno de sus hijos como responsable de Canela y dejarle un monto para su atención; la redacción de esa cláusula se resuelve con el notario. Antes de esa cita sirve repasar cómo incluir a tus mascotas en el plan sucesorio.
Según el portal del Gobierno de México, el testamento se otorga ante notario y, cuando no existe, la ley decide quién hereda y en qué proporción, y la familia tiene que pasar por un juicio sucesorio intestamentario. Desde 2003, la Secretaría de Gobernación y el notariado impulsan cada septiembre la campaña Mes del Testamento, con descuentos en el trámite, aunque cualquier notaría lo hace el resto del año.
Hay otra parte que no pasa por la notaría y pesa igual. Habla con la persona antes de anotar su nombre y déjale por escrito la rutina del animal, su veterinario y lo que come.
Lucía y la parcela cerca de Tecomán
Lucía, de 52 años y tercer caso ilustrativo, tiene un ahorro que no quiere dejar parado y un conocido le ofrece una parcela con limoneros cerca de Tecomán. Antes de pensar en cosechas, le toca averiguar algo más básico: qué tipo de tierra le están vendiendo.
En México conviven la propiedad privada y la propiedad social, que incluye a los ejidos. La Ley Agraria divide las tierras ejidales en tres: las del asentamiento humano, las de uso común y las parceladas. Las de uso común son inalienables, imprescriptibles e inembargables, salvo los casos que la propia ley señala. Los derechos sobre una parcela ejidal solo pueden enajenarse a otros ejidatarios o avecindados del mismo núcleo de población, y la operación exige, entre otros requisitos, ratificar la conformidad ante fedatario público y notificar a la familia del vendedor, que tiene derecho del tanto. Si Lucía no es ejidataria ni avecindada de ese ejido, esa vía queda cerrada para ella.
Existe otro camino. Cuando la asamblea del ejido lo autoriza, el ejidatario puede asumir el dominio pleno sobre su parcela; el Registro Agrario Nacional la da de baja, expide un título de propiedad que se inscribe en el Registro Público de la Propiedad y la tierra queda sujeta al derecho común. Como el RAN lleva el control de la tenencia ejidal y comunal y sus constancias hacen prueba plena, pedir ahí la situación de la parcela antes de soltar un peso es una precaución sensata.
Los papeles son la mitad del asunto. La otra mitad es aceptar los tiempos del campo, porque una huerta tarda en producir, el precio de la cosecha sube y baja, y el agua y las plagas no avisan. Comprar tampoco es la única forma de entrar al negocio, porque la ley permite al ejidatario conceder el uso de su parcela mediante arrendamiento, aparcería u otros contratos, y los que implican el uso de tierras ejidales por terceros tienen un tope de treinta años, prorrogables. Antes de decidir conviene entender qué implica invertir en tierra y agronegocios como persona física y pedirle a un abogado agrario o a un notario que revise el expediente.
Tres plazos, una misma pregunta
Mariana decide sobre el mes en curso, don Ernesto sobre lo que pasará cuando él falte y Lucía sobre una apuesta a quince o veinte años. Las tres decisiones salen mejor tomadas con calma y con la información sobre la mesa.
Antes de abrir la app del banco o de llamar a la notaría, hazte una pregunta en voz baja: ¿esta decisión la estoy tomando yo, o la está tomando el miedo?


















