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Contra el Estado por culpa del Estado

El pez sin el agua
Por: Rubén Pérez Anguiano*

 Una característica común a las naciones europeas que enfrentan protestas sociales —cada vez más radicales— es su desequilibrio financiero. Tienen una deuda que los asfixia y su solución a la mano es seguir castigando al contribuyente y reducir las erogaciones sociales. Espero que tengamos la capacidad de mirarnos en el espejo europeo, porque seguimos los malabares de cerca.

Aquí la deuda, medida a través del Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público, se ubicaba (al inicio de la gestión del presidente AMLO) en 10.8 billones de pesos (alrededor del 43.3% del PIB), Al concluir el sexenio del propio AMLO, la deuda nacional alcanzó los 16 o 17 billones de pesos.

La deuda pública continuará su trayectoria ascendente hasta superar el 53% del Producto Interno Bruto (PIB), de acuerdo con datos de la Secretaría de Hacienda. El Paquete Económico estima que el saldo de la deuda pública total podría llegar a los 21.6 billones de pesos (cerca del 55% del PIB) al término del 2027.

No se necesita una esfera de cristal para descubrir las razones de tan escandaloso endeudamiento: un gasto extraordinario en obras “emblemáticas” (costosas y no redituables), el apoyo a empresas estatales fracasadas como Pemex y la multiplicación de la entrega de recursos directos a diversos sectores, todo ello frente a un crecimiento económico raquítico.

Si seguimos igual nos pasará algo similar a lo que ya sufren algunas naciones europeas. De entrada, aquí nadie se atreverá a tocar el gasto social (aportaciones directas a diversos sectores sociales) porque eso implicaría un suicido político. Es al revés. A los que se les da dinero pedirán más y más, nunca menos, y si se acaba el dinero pues a endeudarse más o resolverlo como se pueda, pues para eso existe el gobierno (en la extravagante lógica de nuestro tiempo).

Por cierto, no tardará en salir algún iluminado o alguna iluminada a pedir que se castigue más a los que emprenden y producen, lo que provocará que dejen de producir y emprender o lo harán en otros lugares, lejos de donde su dinero esté amenazado. No lo olvidemos: el dinero es muy cobarde y se aleja o se esconde cuando surge el peligro.

Mientras tanto, Europa se vuelve una fiesta: las naciones con inclinación por los ideales de izquierda se asoman a una sociedad que pide más, a pesar de los excesos.

Sí, las masas quieren una mayor y mejor intervención estatal para que se resuelvan los dislates del propio Estado, un Estado que en lugar de atender lo necesario se puso a resolverlo todo.

Es como si el absurdo saliera a las calles a protestar y romperlo todo.

 

*Rubén Pérez Anguiano, colimense de 58 años, fue secretario de Cultura, Desarrollo Social y General de Gobierno en cuatro administraciones estatales. Ganó certámenes nacionales de oratoria, artículo de fondo y ensayo. Fue Mención Honorífica del Premio Nacional de la Juventud en 1987. Tiene publicaciones antológicas de literatura policíaca y letras colimenses, así como un libro de aforismos. Sus artículos y apuntes son propios y están libres de inteligencia artificial, “superinteligencia” o como sea que se le llame.

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