COLIMA.- Un apodo que provoca las risas de todo el salón, un estudiante al que nadie quiere integrar a las actividades o una burla que termina convertida en video para redes sociales pueden parecer situaciones cotidianas dentro de una escuela. Sin embargo, cuando estas conductas se repiten y generan sufrimiento, pueden convertirse en formas de acoso escolar que afectan seriamente a niñas, niños y adolescentes.

El comisionado estatal de Salud Mental y Adicciones de Colima, Guillermo Blanco Govea, advirtió en entrevista con AFmedios que el bullying no siempre se manifiesta mediante agresiones físicas. En muchas ocasiones, las formas de violencia psicológica y exclusión pasan inadvertidas porque estudiantes, docentes e incluso familiares las consideran simples bromas.

El especialista señaló que el acoso escolar ha existido durante generaciones, aunque consideró que en los últimos cinco años se ha observado un incremento de situaciones preocupantes, algunas relacionadas con episodios de violencia de alto impacto en planteles educativos.

Mencionó que recientemente se registraron situaciones de alarma en dos secundarias de Colima, lo que obliga a reflexionar sobre la prevención, la convivencia escolar y la atención emocional de los estudiantes.

¿Cuándo una broma se convierte en bullying o acoso escolar?

Blanco Govea explicó que la diferencia comienza a hacerse evidente cuando una persona deja de sentirse cómoda con las bromas, los comentarios o los apodos, particularmente si las conductas son persistentes y están dirigidas de manera reiterada hacia ella.

El problema puede reflejarse en sentimientos de inseguridad, baja autoestima, ansiedad, enojo o desconfianza hacia los compañeros.

Advirtió que una de las formas de acoso más difíciles de identificar es aquella que se presenta mediante burlas aparentemente inofensivas, sobrenombres, mensajes ofensivos o situaciones en las que un estudiante se convierte constantemente en el centro de las risas.

También reconoció que excluir deliberadamente a alguien, ignorarlo o impedir su integración puede constituir una forma de violencia psicológica que requiere atención.

En estos casos, señaló, no debe minimizarse lo ocurrido con expresiones como «así se llevan» o «solamente están jugando».

Los espectadores también tienen responsabilidad

Uno de los aspectos que destacó el especialista fue el papel de quienes presencian el acoso escolar sin intervenir.

Explicó que los compañeros que celebran las agresiones, se ríen de las humillaciones o graban los conflictos pueden contribuir a que estas conductas continúen.

«Quien alimenta una condición de bullying son los espectadores», expresó al señalar que el respaldo del grupo puede reforzar el comportamiento de quien agrede.

Por el contrario, consideró que cuando los compañeros dejan de celebrar estas acciones y brindan apoyo a la persona afectada, pueden contribuir a frenar el acoso.

Como ejemplo de la normalización de la violencia, recordó un conflicto ocurrido recientemente afuera de una escuela en Tecomán, donde, según relató, participaron estudiantes y madres de familia, mientras otras personas observaban y grababan lo sucedido.

Para el funcionario, estas situaciones muestran la necesidad de que los adultos contribuyan a resolver los conflictos de manera pacífica, en lugar de involucrarse en las agresiones.

Redes sociales y retos virales, nuevos desafíos

Blanco Govea consideró que la exposición a contenidos violentos en redes sociales, plataformas digitales, videojuegos y determinados retos virales puede contribuir a normalizar comportamientos agresivos entre algunos estudiantes.

Sin embargo, también identificó otros factores que requieren atención, como la convivencia familiar, la enseñanza de valores, el establecimiento de límites y la falta de herramientas para manejar emociones y conflictos.

Señaló que algunos adolescentes pueden enfrentar dificultades para relacionarse con sus compañeros, expresar sus necesidades o pedir ayuda cuando están siendo víctimas de agresiones.

En estas circunstancias, advirtió, intentar resolver el problema mediante amenazas o violencia puede agravar la situación.

¿Cómo identificar que un hijo está sufriendo acoso escolar?

El especialista explicó que existen señales que las familias pueden identificar incluso cuando sus hijos no hablan abiertamente sobre lo que ocurre en la escuela.

Entre ellas mencionó la resistencia a asistir a clases, la ansiedad antes de entrar al plantel, la disminución de calificaciones, el aislamiento y los cambios repentinos de comportamiento.

También recomendó prestar atención a dibujos, mensajes escritos o expresiones que puedan reflejar malestar emocional.

Ante estas señales, consideró importante acercarse al personal docente y conocer cómo se desenvuelve el estudiante dentro de la escuela.

Uno de los errores más frecuentes de las familias, señaló, es minimizar lo ocurrido o responder con reproches cuando un hijo finalmente decide contar que está siendo acosado.

Expresiones como «¿por qué no te defendiste?», «no pasa nada» o «mañana se les va a olvidar» pueden dificultar que la víctima vuelva a solicitar ayuda.

En lugar de ello, recomendó escuchar, comprender cómo está viviendo la situación y establecer medidas concretas para protegerla.

Quien agrede también puede necesitar atención

Blanco Govea explicó que detrás de algunas conductas de acoso pueden existir problemas familiares, experiencias de violencia, maltrato o dificultades emocionales que requieren intervención.

Por ello, consideró importante evitar las etiquetas y evaluar cada caso de manera individual, sin que esto signifique justificar las agresiones.

También señaló que una persona que ha sido víctima de bullying puede llegar a reproducir conductas violentas, aunque esto no ocurre necesariamente en todos los casos.

La atención, indicó, debe contemplar tanto la protección de las víctimas como la intervención con quienes ejercen las agresiones.

¿Qué hacer cuando la escuela no resuelve el problema?

El comisionado recomendó que las familias y estudiantes recurran inicialmente a los protocolos escolares de atención al acoso, solicitando la intervención de docentes y directivos.

Cuando no exista una respuesta adecuada o se presenten amenazas, agresiones u otras conductas graves, explicó que pueden intervenir instancias de protección de niñas, niños y adolescentes e incluso autoridades competentes, según las características del caso.

También informó que la estrategia ABC de las Emociones contempla actividades con docentes y brigadas de salud mental para identificar situaciones de riesgo, brindar primeros auxilios psicológicos y canalizar a estudiantes que requieran atención especializada.

En Colima, las personas que necesiten orientación pueden comunicarse con la Comisión Estatal de Salud Mental y Adicciones al 312 314 4467, en horario de 7:00 a 15:00 horas. Ante una emergencia, pueden llamar al 911.

Finalmente, Blanco Govea insistió en que prevenir el acoso escolar requiere la participación de familias, docentes, autoridades y estudiantes.

Subrayó que escuchar a los menores, intervenir ante las primeras señales y evitar la normalización de las burlas y humillaciones son acciones fundamentales para impedir que los conflictos escalen a situaciones de mayor gravedad.

Derechos Reservados AF