CDMX.- Los sismos no pueden predecirse, septiembre no tiene una actividad sísmica especial, los recientes terremotos registrados en diferentes partes del mundo no significan que esté próximo uno en México y fenómenos como las tormentas solares o la atracción de la Luna no provocan terremotos.

Estas fueron algunas de las precisiones realizadas por el doctor Félix Rodríguez Cardoso, investigador posdoctoral y profesor de la University of South Florida, durante una nueva edición de #PlaticandoConUnSismólogo, espacio de divulgación presentado por el Servicio Sismológico Nacional (SSN) del Instituto de Geofísica de la UNAM.

Durante la conversación, el especialista respondió preguntas del público relacionadas con algunos de los temas que recurrentemente generan inquietud, particularmente ante la cercanía de septiembre y después de la ocurrencia de sismos de magnitud considerable en distintas regiones del mundo.

Uno de los principales temas abordados fue la creencia de que septiembre representa un periodo de mayor actividad sísmica en México, particularmente por la coincidencia de terremotos importantes ocurridos el 19 de septiembre.

Rodríguez Cardoso explicó que no existe conexión entre el calendario, el día o el mes y la ocurrencia de terremotos de gran magnitud. Las coincidencias registradas en fechas como el 19 de septiembre corresponden al azar y no a un comportamiento particular de las placas tectónicas.

A diferencia de fenómenos meteorológicos como los huracanes, enfatizó, no existen temporadas de sismos.

“Este 19 de septiembre va a ser un día que la probabilidad que ocurra un sismo es tanta o tan baja como en cualquier otro día del año”, señaló el especialista durante la transmisión.

En ese sentido, indicó que la actividad sísmica puede presentarse durante los 365 días del año y en cualquier momento.

Los sismos no pueden predecirse

El investigador también fue enfático al señalar que actualmente no existe un método científico capaz de establecer con fecha, hora y lugar cuándo ocurrirá un terremoto.

Aunque existen análisis probabilísticos basados en los ciclos sísmicos, la deformación de la corteza y los antecedentes de determinadas fallas, estos permiten estimar escenarios de riesgo a largo plazo, pero no proporcionan certeza sobre cuándo sucederá un evento.

La utilidad de estos estudios, explicó, consiste principalmente en permitir que las autoridades, la población y los responsables de infraestructura se preparen ante las magnitudes que potencialmente podrían registrarse en determinada región.

Por ello, consideró que la prioridad debe centrarse en contar con infraestructura resistente, planes de evacuación claros y una población preparada.

Sobre la llamada brecha sísmica de Guerrero y la percepción de que el próximo gran terremoto mexicano necesariamente tendría su origen en esa región, el especialista explicó que no puede hacerse tal afirmación.

Rodríguez Cardoso señaló que toda la costa mexicana del Pacífico presenta condiciones para generar terremotos de magnitud considerable, por lo que un evento importante también podría originarse en Oaxaca, Chiapas u otros puntos de esa franja.

La atención sobre Guerrero deriva de la denominada brecha sísmica y de sus antecedentes, pero los registros históricos muestran terremotos importantes a lo largo de la costa del Pacífico mexicano.

Sismos en otros países no “activan” a México

Otra de las dudas planteadas fue si los terremotos registrados recientemente en Sudamérica y otras regiones, como Indonesia, podrían incrementar la posibilidad de un sismo en México.

La respuesta del investigador fue negativa.

Explicó que estos eventos se producen a distancias demasiado grandes como para considerar que exista una conexión capaz de acelerar o retrasar un terremoto en territorio mexicano.

“El sismo de Colombia no va a despertar a la placa en México y decirle: ‘Oye, ya te toca’”, ejemplificó Rodríguez Cardoso.

No obstante, precisó que sí pueden existir interacciones cuando se trata de fallas geológicamente cercanas, donde un terremoto puede modificar esfuerzos y eventualmente influir sobre otra falla próxima.

¿Está temblando más que antes?

Pese a la percepción generada por los recientes terremotos difundidos ampliamente en medios de comunicación y redes sociales, el especialista sostuvo que no existe evidencia de un incremento anormal de la actividad sísmica global.

Explicó que después de un terremoto importante aumenta la atención de la población, los medios y las redes sociales sobre cualquier movimiento telúrico, incluso aquellos de magnitudes que normalmente ocurren con frecuencia.

Desde un análisis estadístico global, indicó, la cantidad de sismicidad observada se mantiene relativamente estable.

También mencionó que la ocurrencia de varios terremotos importantes en periodos relativamente cortos forma parte del comportamiento esperado de la actividad sísmica mundial y no representa necesariamente una anomalía.

Magnitud e intensidad no significan lo mismo

Durante la transmisión también se abordó una confusión frecuente: la diferencia entre magnitud e intensidad.

La magnitud representa el tamaño del terremoto y corresponde a un valor único para cada evento. La intensidad, en cambio, describe cómo se percibe y cuáles son sus efectos en diferentes lugares.

Por ello, un mismo terremoto puede sentirse con intensidades distintas dependiendo de la distancia, las características del suelo y otros factores locales.

El especialista explicó además que dos terremotos de magnitudes similares pueden generar consecuencias completamente diferentes. La profundidad, las condiciones del suelo, la densidad poblacional y la calidad de las construcciones influyen directamente en el nivel de daños.

Así, una magnitud elevada no determina por sí sola la dimensión de un desastre; también intervienen factores sociales, económicos y de infraestructura.

Luna, tormentas solares y HAARP no provocan grandes sismos

Rodríguez Cardoso también rechazó varias teorías difundidas principalmente a través de redes sociales.

Señaló que no existe evidencia científica sólida de que la atracción gravitacional de la Luna o el Sol provoque terremotos, ni de que las tormentas solares o el geomagnetismo tengan influencia sobre la tectónica de placas.

Asimismo, descartó que sistemas como HAARP puedan generar terremotos destructivos.

Explicó que la cantidad de energía involucrada en un terremoto de magnitud 7 u 8 es extraordinariamente grande y se encuentra muy por encima de las capacidades tecnológicas actuales para producir artificialmente un fenómeno de esas características.

Sí existe, aclaró, la denominada sismicidad inducida, asociada a determinadas actividades humanas, entre ellas algunos procesos de la industria petrolera como la inyección de fluidos. Sin embargo, señaló que estos eventos son considerablemente menores y no equivalen a los grandes terremotos tectónicos.

Prepararse, la principal herramienta frente a los sismos

Al finalizar la transmisión, Rodríguez Cardoso resumió algunos principios básicos: los terremotos no pueden predecirse; la actividad sísmica actual no es anormal; los seres humanos no tienen capacidad para producir grandes terremotos y fenómenos astronómicos como la Luna, el Sol o las tormentas solares no explican su ocurrencia.

Ante la imposibilidad de conocer cuándo ocurrirá el próximo terremoto, la prevención, la infraestructura sismorresistente, los protocolos de actuación y la divulgación de información científica continúan siendo las principales herramientas para reducir riesgos y combatir la desinformación.

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