La psicología también tiene algo que decir frente al maltrato animal

La psicología también tiene algo que decir frente al maltrato animal
Por: Guillermo RAMÍREZ ZAVALA

Cuando escuchamos un caso de maltrato animal, muchas veces lo primero que aparece es la indignación. Nos duele ver el sufrimiento de un ser vivo que no puede defenderse, que no puede explicar lo que siente y que depende, casi por completo, de la voluntad humana para ser protegido. Esa indignación es necesaria, pero no debería quedarse solo en enojo. También tendría que convertirse en reflexión.

El maltrato animal no habla únicamente del daño causado a un animal, también habla de nosotros como sociedad. Habla de lo que estamos dispuestos a tolerar, de lo que hemos normalizado, de la forma en que enseñamos a niñas, niños y adolescentes a relacionarse con otros seres vivos, y de la manera en que entendemos el poder, la fuerza y la vulnerabilidad.

Ahí es donde la psicología tiene mucho que aportar, porque detrás de un acto de crueldad no solo hay una conducta que debe sancionarse; también hay una historia, un contexto, una forma aprendida de relacionarse con el dolor ajeno. Esto no significa justificar a quien maltrata. Significa entender que, si queremos prevenir, tenemos que mirar más allá del hecho y preguntarnos qué lo hizo posible.

Una persona que lastima a un animal puede estar mostrando falta de empatía, enojo mal dirigido, necesidad de dominar, indiferencia ante el sufrimiento o aprendizaje de violencia. En otros casos, puede tratarse de negligencia, abandono o ausencia de conciencia sobre el cuidado responsable. Cada situación es distinta, pero todas nos obligan a pensar cómo estamos educando emocionalmente a nuestra comunidad.

La psicología puede ayudar a prevenir el maltrato animal desde la educación, enseñar empatía, respeto, cuidado y responsabilidad no es un tema menor. Aprender a cuidar a un animal también puede enseñar a reconocer límites, a desarrollar sensibilidad, a comprender que la vida de otro ser no está a nuestra disposición y que el sufrimiento no debe ser visto como algo normal.

En las familias y en las escuelas, hablar del trato hacia los animales puede abrir conversaciones importantes sobre la violencia, la responsabilidad y el respeto. Una niña o un niño que aprende que un animal siente, que necesita alimento, agua, descanso, atención y cuidado, también aprende algo sobre la convivencia y sobre la importancia de no dañar a quien está en una posición vulnerable.

También es importante reconocer que, en algunos contextos, el maltrato animal puede estar relacionado con otras formas de violencia. A veces dañar a un animal puede ser una forma de intimidar, de castigar o de ejercer control sobre otra persona. Por eso, cuando vemos crueldad hacia los animales, también deberíamos preguntarnos qué otras violencias pueden estar ocurriendo alrededor.

La psicología no sustituye a la ley ni a la medicina veterinaria. Quien maltrata debe enfrentar consecuencias legales, y el animal afectado debe recibir atención, resguardo y cuidado. Pero además de sancionar y curar, necesitamos comprender y prevenir. Necesitamos trabajar con las personas, con las familias, con las comunidades y con las instituciones.

El maltrato animal nos confronta porque nos muestra una relación desigual: alguien con poder frente a un ser que no puede defenderse. La manera en que respondemos ante esa desigualdad dice mucho de nuestra humanidad. Si miramos hacia otro lado, permitimos que la crueldad crezca. Si intervenimos, denunciamos, educamos y prevenimos, empezamos a construir una sociedad más sensible.

Prevenir el maltrato animal no es solo proteger a los animales. También es cuidar el tejido social. Es enseñar que ninguna forma de sufrimiento debe parecernos normal. Es recordar que la empatía se aprende, se practica y también se defiende. La psicología tiene algo importante que decir en esta conversación: una sociedad que aprende a cuidar a los seres más vulnerables también aprende a mirarse a sí misma con mayor responsabilidad.

Mtro. Guillermo Ramírez Zavala
Especialista en Psicología Jurídica y Desarrollo de Políticas Públicas en Salud Mental