El pez sin el agua
Por: Rubén Pérez Anguiano*
Es lógico suponer que la vinculación entre grupos de la delincuencia organizada y aspirantes al poder político sea algo común en varias entidades del país. El caso Rocha Moya no puede ser algo aislado, si bien pudo ser exacerbado por las condiciones y la historia de Sinaloa.
Los grupos criminales operan en muchas entidades (o en todas, con diferencias circunstanciales) y su dinámica se extiende por los municipios y las regiones, a veces trabajando por el control de líneas de distribución o por su expansión a otros negocios prácticos y rentables (venta de droga al menudeo, maderas, huachicol, extorsiones, minería y mucho más)
Para el 2027 estarán en disputa 17 gubernaturas y unos dos mil municipios. 12 de esas entidades tienen los colores de Morena. Habrá que revisar si en tales entidades se acentúo el fenómeno delictivo, pues es posible suponer (con el antecedente sinaloense) que los grupos del crimen organizado influyeron de alguna forma en los resultados y están cobrando los beneficios de su inversión. En fin, si lo hicieron en Sinaloa no se ve la razón de que se hayan abstenido o portado bien en otras entidades. Después de todo, la tentación por controlar las funciones públicas y gozar de protección institucional es muy alta. Además, el sector gubernamental es una fuente de negocios lucrativos para intereses aviesos.
Quedan los municipios del país. Muchos pueden estar infiltrados por intereses delincuenciales. Así lo demostró el caso Tequila, que no puede ser único. Nada más revisemos la cantidad de alcaldes, regidores y ex candidatos locales que fueron objeto de atentados durante los últimos años.
¿Cuántos de esos cientos de municipios en vías de renovación electoral serán presionados por grupos delictivos?
Por eso, es válido preguntarnos algo más:
¿En cuántas de las entidades mencionadas ya existen pactos entre grupos delincuenciales y gobiernos locales?
Y lo más importante:
¿En cuántas de esas entidades ya están construyéndose o confirmándose los pactos entre esos grupos criminales y las o los aspirantes al poder político?
Si eso ocurre un triste destino les espera a tales entidades. Digamos que será un destino donde la vida y la seguridad pasen a segundo término, pues lo importante en los pactos delictivos serán los intereses de las bandas, con autoridades policiacas contaminadas, subordinadas o francamente asociadas con esos grupos y figuras gobernantes que estarán mirando hacia otro lado cuando las cosas se pongan feas.
No es algo distinto a lo que vemos todos los días, pero la cosa puede ponerse peor.
Si se analiza con serenidad, la caída política de Rocha Moya y sus asociados en Sinaloa es apenas anecdótica. Ellos se irán, pero la mecánica política y el estilo de asociación con el crimen quedará por muchos años.
*Rubén Pérez Anguiano, colimense de 57 años, fue secretario de Cultura, Desarrollo Social y General de Gobierno en cuatro administraciones estatales. Ganó certámenes nacionales de oratoria, artículo de fondo y ensayo. Fue Mención Honorífica del Premio Nacional de la Juventud en 1987. Tiene publicaciones antológicas de literatura policíaca y letras colimenses, así como un libro de aforismos.

















