Borges, el palabrista

Dislates
Por: Salvador SILVA PADILLA

Primera  parte
Marco Antonio Campos en su ensayo Vargas Llosa: medio siglo siguiendo a Borges, afirma que el escritor peruano resalta que ”parte del estilo de Borges, son las frases ingeniosas y el juego múltiple.

Es exactísima, con todos sus matices, esa que dijo de la Guerra de las Malvinas: ‘Son dos calvos peleando por un peine’; o cuando ironiza sobre la literatura española: ‘En España me admiran porque el panorama es tan pobre que admiran a cualquiera’; o acerca de las suntuosidades y pompa de la iglesia: ‘Yo creo que es mejor pensar que Dios no acepta sobornos’. MAC agrega: “Se han hecho recopilaciones con las incisivas frases o expresiones borgeanas; el libro de esta índole que me parece mejor es Borges, el palabrista (1980), de Esteban Peicovich”.

Así, siguiendo estas sabias recomendaciones, adquirí el libro de Peicovich (una antología de las entrevistas  que Borges concedió en múltiples sitios y en infinidad de medios de comunicación). En dicha recopilación, Peicovich rescata al Borges oral, con todas sus contradicciones, sus giros de tuerca y, por supuesto, su humor luminoso  e inmisericorde.

I
Borges reunía pocas características del argentino promedio:  detestaba en partes iguales (y mayúsculas) al futbol y al tango, al tiempo que odiaba cordialmente a Perón. Aquí unos  ejemplos:

«Los ingleses también hicieron mucho mal al mundo. Por ejemplo, lo han llenado de estupideces, como el futbol”.

El tango tiene un significado que no he alcanzado a averiguar. Estando en Texas un amigo paraguayo me hizo escuchar discos argentinos que a mí me desagradan, por ejemplo La Cumparsita, Flaca, Fané, descangayada y El organito de la tarde, en fin, esos tangos que a mí me parecen realmente atroces”. 

Y esta otra (despiadada y brutal) sobre Perón y Evita, que bien podría figurar de manera destacada en los anales del arte de insultar:  Yo estuve en contra del peronismo justamente porque era liberticida y de raíz fascista. Fíjese que Perón me persiguió porque yo era democrático, como se decía entonces. Jamás porque yo hubiera sido anti obrero o cosa parecida. Puso presas a mi madre y a mi hermana. No me pudo perdonar que cuando estaba en Norteamérica y me preguntaron por Perón yo hubiese contestado: “No me interesan los millonarios”. Ni que cuando me preguntaron por su mujer, yo hubiese respondido: “Tampoco me interesan las prostitutas”.

II
Por otro lado, las  reflexiones sobre los sueños y las pesadillas eran temas siempre recurrentes de Borges:  Shakespeare ya dijo que estamos hechos de la misma materia que nuestros sueños, ¿no? O de la misma madera, si usted prefiere. Además, materia y madera  es exactamente lo mismo. No creo que haya mayores diferencias. Solemos ser la realidad de un sueño o acaso el sueño de los otros.

Y esta concepción de las pesadillas como consuelo, muestra lo cruento del desvelo:  Yo he sufrido mucho de insomnio. Muchas veces tengo pesadillas, me despierto de las pesadillas que suelen ser atroces y digo: ‘Pero qué suerte… he logrado dormir porque tuve una pesadilla; eso ya es algo’. La única prueba que tenía de haber dormido era la pesadilla. Una prueba atroz, pero en fin.

III
Por último estas dos citas sobre el suicidio: primero, el personal.

 Yo, pensé en suicidarme; porque me sentía muy desdichado, más desdichado que de costumbre, pensé tomar esa decisión; pero luego pensé que, con haber tomado la decisión, con haber tenido la idea, ya era suficiente, no tenía por qué suicidarme. Recuerdo que hasta pensé en adquirir una navaja de acero de Inglaterra o de acero de Suecia, y aplicármela en la garganta, aunque podía ser en el pulso, pero tal vez esto hubiera sido molesto, más efectivo parece el cianuro. Dicen que Lugones cuando lo tomó no tuvo tiempo de retornar el vaso a la mesa; al vaso se lo encontró caído… Parece que el cianuro produce un incendio, un incendio instantáneo dentro de uno… Hace bastante tiempo que deseché la idea del suicidio; yo creo que, desde que perdí la vista, me interesó tanto haber perdido la vista que… me interesó menos la idea de perder la vida. Antes de mi ceguera pensé muchas veces suicidarme, pero siempre me reservé ese consuelo para más adelante y ahora ya es un poco tarde; yo creo que ya no necesito suicidarme… tengo ya demasiados años: en cualquier momento el tiempo me suicida.

 O este otro, que perfectamente lo podría haber firmado el propio Thomas de Quincey: El suicidio no me parece mal; al contrario, convendría que se suicidase más gente, hay un exceso de población en el mundo. 

CONTINUARÁ…