El pez sin el agua
Por: Rubén PÉREZ ANGUIANO*
“Y sus ruinas existan diciendo: de mil héroes la patria aquí fue”, dice nuestro Himno Nacional, que por cierto es muy bello. Es una frase en la que poco reparamos. Es más divertido citar otras, como la que dice “Mas si osare un extraño enemigo” y está más a la moda repetir que el cielo “un soldado en cada hijo te dio”.
El caso es que la circunstancia, la fortuna o las malas decisiones de quienes decidieron y deciden por nosotros, orillan a nuestra sociedad a una dramática toma de posiciones con decisiones hipotéticas incluidas.
Por una parte, nuestro temperamento nacionalista, aderezado por un himno bélico, rechaza cualquier pretensión, así sea retórica, de invasión a nuestro territorio. Estamos preparados (anímica y musicalmente al menos) para hacer frente a tal posibilidad, incluso con el mayor de los sacrificios. Así nos adiestró la pedagogía patria.
Todo bien hasta allí, pero veamos la otra parte: escuece (arde, pica, molesta) que tal defensa nacional pueda ser motivada por el amparo a los grupos delincuenciales que asolan nuestro propio territorio y contaminan toda la relación con el poderoso vecino del norte.
Esos grupos —con sus negocios, sus bravatas y su falta de respeto por la vida— son quienes en realidad ponen en riesgo la integridad del país. Las amenazas norteamericanas están dirigidas a ellos, a quienes ya se les calificó como organizaciones terroristas.
Si, lo sé, algunos les atribuyen sentimientos nacionalistas a la delincuencia organizada, quizás porque se piensa que las drogas van dirigidas al norte y no se quedan por aquí, pero eso es erróneo: nuestras calles están llenas de ejemplos de que las drogas destruyen y que los muertos, miles y miles de ellos, también los pone nuestra sociedad.
Si se confirmara la suposición y se dieran las condiciones de una intervención armada en nuestro territorio podríamos preguntarnos con justicia: ¿a quién estaríamos defendiendo, a la nación o a los narcotraficantes?
No es algo sencillo de responder.
Va otra pregunta, también necesaria: ¿Estamos dispuestos a dar la vida por la nación?
Bueno, quizás muchas y muchos responderíamos afirmativamente, pero si la pregunta se afina y se expresa así:
¿Estamos dispuestos a dar la vida por proteger a los narcotraficantes?
Entonces la respuesta sería distinta, pues no parece lógico defender a quienes han lastimado la convivencia social y la seguridad pública, aunque claro, sabemos que algunas personas los exaltan y hasta los admiran.
Otra duda más:
¿Es válido ostentar la defensa de la soberanía frente al supuesto de una intervención armada en esos términos?
Habrá que anotar que los grupos delincuenciales son quienes lastiman de forma constante la soberanía de nuestro país, pues el Estado no puede imponer sus valores, su credo y su legalidad en zonas, materias y territorios dominados por grupos que hacen de la fuerza su patrimonio.
Estos grupos desafían abierta y desvergonzadamente al poder de la sociedad y de la legalidad, es decir, son antagónicos a la idea de soberanía.
Estamos, entonces, frente a una paradoja: podríamos estar invocando la defensa de la soberanía para defender a grupos que violan de forma sistemática la propia soberanía nacional. Es decir, estaríamos defendiendo lo que nos daña, como si nos negáramos a medicarnos para combatir una enfermedad que nos destruye. Aquí ya no estaríamos frente a una paradoja, sino rayando en el absurdo.
En fin, dilemas. Nada fácil será resolverlos.
No es tan sencillo como exaltarse con pasión patriótica y oponer el pecho a las balas del invasor.
No es tan simple como decir que “un soldado en cada hijo te dio”.
Aquí las ruinas ya existen y nos dicen muchas cosas.
*Rubén Pérez Anguiano, colimense de 57 años, fue secretario de Cultura, Desarrollo Social y General de Gobierno en cuatro administraciones estatales. Ganó certámenes nacionales de oratoria, artículo de fondo y ensayo. Fue Mención Honorífica del Premio Nacional de la Juventud en 1987. Tiene publicaciones antológicas de literatura policíaca y letras colimenses, así como un libro de aforismos.






















