TAREA PÚBLICA

SEGURIDAD REGIONAL

CARLOS OROZCO GALEANA

Un análisis formal sobre la situación de inseguridad que priva en el país, en el aspecto regional y en Colima en lo particular tendría que validar los esfuerzos de la Procuraduría de Justicia, la Secretaria de Seguridad Pública, el Ejército, La Marina y otras instituciones en pro de la seguridad. El gobierno estatal no ha bajado la guardia ante la efervescencia de la delincuencia común y organizada, pero como la mala hierba, los maleantes no se acaban.Los primeros meses del año, la entidad vive violencia desenfrenada. Si Acapulco nos impacta por los 25 muertos en 7 días, no deja de sorprendernos aún más que Colima sea la entidad que proporcionalmente registra más homicidios que ningún otro estado. Si usamos los datos sobre violaciones y secuestros, trata de personas, asaltos y otros hechos delictivos, tenemos a un gobierno que no ha prosperado en su afán de mantener la seguridad y a una sociedad muy perturbada que no genera buenos ciudadanos.
Según el SNSP, la suma de las cifras de los dos primeros meses de este año mantienen a Colima en el primer lugar con una tasa de 10, seguida de Guerrero con 9.2, Sinaloa con 6.6, Baja

California con 4.6 y Morelos con 4.3.Y aunque durante los primeros ocho meses de 2015 Colima se mantuvo dentro de un rango de 7 a 12 homicidios mensuales por cada 100 mil, a partir del último tercio del año, en coincidencia con el relevo de los poderes Legislativo y Ejecutivo, se agudizaron los niveles de violencia.

Lograr el propósito de mejorar notablemente la seguridad en un tiempo corto será muy difícil; mientras las fuerzas policíacas atrapan delincuentes y los jueces los encarcelan, aunque algunos los sueltan con facilidad, otros más toman el mando de las diversas células y representaciones de los cárteles que actúan aquí disputándose la plaza.

Los gobiernos deben valorar que la purulencia del cuerpo social está por todos lados. Falta educación y cultura. La composición demográfica de Colima se ha modificado, tiene saldo migratorio a favor frente a estados vecinos porque es un polo de atracción agrícola e industrial. Ante la falta de empleo, los migrantes buscan acomodo y oportunidades y nuestro estado es de los que en occidente ofrecen posibilidad de colocación laboral en ambas áreas. Manzanillo es el puerto por donde entran toneladas de precursores químicos para elaborar drogas y es lógico que las bandas criminales quieran estar al tanto de sus traslados.

Es difícil, digo, que las cosas cambien rápidamente en materia de seguridad regional porque Colima tiene una dinámica comercial, industrial y agrícola que jala el interés de empresas, inversionistas, migrantes, profesionistas de la ingeniería o el comercio exterior que originan por su propio flujo movimientos de personas de toda condición social. Con el auge, llegan también decenas o centenas de malandrines que vienen a delinquir.

Las distintas policías en el país son, con sus excepciones, un lastre, son miles los efectivos de seguridad que sirven a los delincuentes, porque el narco les paga más. Pero el asunto va más allá del aspecto económico. Quienes sirven desde dentro de las policías a los criminales, están traicionando a la patria, a su estado, a su familia, a sus hijos y vecinos, a sí mismos.

No debe haber tregua contra los delincuentes, ha de lucharse para que la calma se imponga. Si una estrategia fracasa, pues a ejercer otra. Las críticas hacia las autoridades por el asunto de la inseguridad son más útiles si conllevan buena fe y evitan la saña contra autoridades. La corrupción lleva muchos años enraizada en los distintos ambientes y somos tan responsables como los malos gobiernos. Las comunidades merecen recuperar la paz que se les ha robado, tener la opción de progresar y vivir la libertad en toda su expresión.

Ultimamente, el secretario de gobernación, Miguel Angel Osorio, dispuso que Colima forme parte en una estructura de seguridad regional junto a otros dos estados, Jalisco y Guanajuato, para impedir que los delincuentes anden a sus anchas. Esto me parece formidable.

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