TAREA PÚBLICA

LA IGLESIA, POR EL PERDON

CARLOS OROZCO GALEANA

Durante el próximo Jubileo de la Misericordia que comenzó este mes, las mujeres que hayan abortado podrán buscar el perdón de la Iglesia católica, que considera el aborto un grave pecado, anunció el Papa Francisco. El Jubileo o Año Santo ofrece a los católicos una ocasión especial para peregrinar y buscar el perdón por sus pecados. Normalmente se celebra una vez cada 25 años, pero el Papa ha convocado uno especial desde el 8 de diciembre hasta el 20 de noviembre de 2016. Bien hecho.
“Estoy pensando especialmente en todas las mujeres que han recurrido al aborto. Soy consciente de las presiones que las han llevado a esa decisión.

Sé que es una tragedia existencial y moral”, dijo el pontífice en una carta pública. He decidido (…) que durante el Año Jubileo todos los sacerdotes tendrán la facultad de absolver del pecado del aborto a todas las que lo hayan cometido y que pidan perdón con arrepentimiento de corazón, agregó.

Se tiene detectado que el aborto es una práctica en la que se ven envueltas mujeres de todo estrato social, que quizás fueron víctimas de la pobreza, del machismo de los varones, por la ignorancia o por falta de oportunidades para estudiar o trabajar. Hay las que hacen las cosas conscientemente y viven en la promiscuidad sexual, o que sufren abandono e indiferencia de sus parejas, y entonces se deciden a dar ese paso fatal de cortar de tajo una vida que Dios mismo ha insertado en su vientre. El Papa se singulariza así y está por la misericordia y el perdón hacia esa franja humana de mujeres que por diversas circunstancias se ha visto inmiscuida en ese trance tan hiriente para su dignidad como es el aborto.

Las cifras del aborto son altísimas en todas las naciones. Concretamente, en el Distrito Federal son más de 110 mil las mujeres que han abortado los años recientes. Y los crímenes continúan porque se ve esta práctica como un trámite fácil que arreglará de nuevo las cosas para que las mujeres reaccionen a una vida buena, se arrepientan y no den testimonios similares poco después.

Pero el papa Francisco no abre las cartas de la baraja así nomás, Dice que el perdón operará solo cuando las mujeres que abortan se arrepientan y durante el jubileo, que dura un año e inicio apenas. El está lejos de condenarlas, las entiende y las acoge a nombre propio y de la Iglesia católica que durante su pontificado se torna compresible y abierta. O sea, no hay reproche que valga contra de ellas sino un par de brazos amorosos de Jesús hecho iglesia que les dice con amor que pueden rehacer su vida encontrando el perdón de Dios.

Esta apertura servirá para que la iglesia católica se fortalezca y haya una mayor presencia de grupos que, como los divorciados y vueltos a casar, se alejaron por disposiciones eclesiales pero que viven hoy o pretenden vivir una vida distinta, con su religión, con su Jesús a un lado.
Se ignora en estos momentos cómo reaccionará la curia romana ante la disposición papal, toda vez que aunque el Papa disponga esto o lo otro, como cuando se negó a criticar a los homosexuales, hay resistencias al cambio en la relación de la Iglesia con sus feligreses.

La Iglesia, pues, se adecua a los tiempos modernos. Así debe ser. Entender a los pecadores, perdonarles sus faltas, acogerlos nuevamente, es el camino de la fortaleza, lo que llevará a la reconciliación.

El Papa Francisco, por ello, ha de ser reconocido como un hombre de Dios, sensiblemente humano y con gran capacidad de unificar a su iglesia redentora. Yo le hubiera otorgado el Premio Nobel dela Paz si hubiese estado en mi poder hacerlo.

Y se lo entregaría gustoso porque a lo largo de su pontificado ha condescendido con diversos grupos que para la Iglesia no contaban. Sabe muy bien sumar e interpreta la Sagrada Escritura en lo que concierne a la preocupación de Jesús que, por medio de parábolas, explicó no estar feliz si le faltaba una oveja entre cien.

Estoy seguro que el oxígeno papal derivado de su apertura de pensamiento atrapará a muchos en las redes de la reconciliación. Se recobrará la confianza en la Iglesia, volverá la armonía y será posible la felicidad que viene de Dios al darse la aproximación para vivir la fe de una manera más auténtica y libre. Enhorabuena por una política distinta en favor de la reconciliación y el perdón.

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