TAREA PÚBLICA

MARIHUANA, EL DEBATE

CARLOS OROZCO GALEANA

El tema sobre el uso legal de la marihuana ha sido motivo de debate las últimas dos semanas. De plácemes está incluso un expresidente de México oriundo de Guanajuato, que no se distingue por su prudencia y quien calladamente e incluso en algunos foros ha vertido su ánimo diciendo que es necesaria su legalización y que incluso él se dedicaría a producirla y venderla.

Pero el tema cobró notoriedad a partir de que un cuarteto de usuarios pidió autorización legal para usarla con fines lúdicos, aunque también para sembrarla pero sin venderla. La Suprema Corte de Justicia de México validó la solicitud que ha abierto el debate que refiero por las consecuencias buenas y malas que trae aparejado su consumo. Los magistrados que la integran pusieron más énfasis en las libertades ciudadanas que en los problemas de salud pública que puedan originarse. El tiempo pondrá en su lugar a la SCJ.

Es obvio que el uso de la marihuana conlleva una satisfacción para los consumidores que no tendrán que esconderse ya en la satisfacción de su hábito, pero para otros significa una opción de negocio, la posibilidad de comerciarla con fines lucrativos.

Quienes sostienen la necesidad de que se vuelva legal su venta y consumo lo hacen desde una posición liberal; piensan que el Estado debe respetar a las personas que por su gusto y necesidad consumen droga porque la requieren para vivir, aunque se mueran de tanto consumirla, qué más da; allá ellos si se dañan, dicen, aunque se ignora que hay conductas individuales que pueden afectar negativamente a la colectividad si se sostienen en el consumo aunque este sea moderado; en el momento en que el uso de un derecho lastima a un tercero, ahí ha de terminar este para dar paso al respeto por las prerrogativas del otro. No se olvide además que, al calor de su ingesta, se comete casi un 60 por ciento de los delitos graves.

El presidente Enrique Peña Nieto, quien alienta el debate sobre la yerba, ha advertido que en lo personal no está a favor de que se legisle y se autorice su consumo con fines ajenos a los medicinales, misma posición que tiene una mayoría de analistas que, al igual que yo, advierten sobre la extensión del consumo a temprana edad o acerca de la derivación de los consumidores hacia otras drogas más desgastantes para el organismo humano a partir de la permisividad y de la necesidad de drogas más fuertes y a la vez letales.

En este debate, la Iglesia católica está contra la legalización del uso de esa droga. Su posición es que las familias mexicanas resultarían perjudicadas porque crecerían las adicciones y no se atacarían las causas del problema. La Iglesia se mantiene firme en la protección de la salud de la gente, y con toda razón dice que la felicidad no puede estar detrás del consumo de enervantes porque se origina destrucción, promiscuidad y crimen.

El Estado debe proteger a la gente; esta obligación es el fundamento de su existencia. Si se legalizara la marihuana en términos más abiertos, jure usted que se multiplicarían los hechos delictivos y al final de cuentas los que se dedicaran a su comercio encontrarían la forma de traficar con ella y sacar ventaja. Y faltaría ver la capacidad del Estado de regular efectivamente su consumo.

Los mexicanos debemos pensar en lo que más conviene para estar protegidos. Protegernos de negociantes que aprovechando las libertades en México, asumen conductas e iniciativas dañinas pensando solo en lo que produce beneficios o genera “el buen vivir” a costa de lo que sea.

Hace bien la Iglesia católica en oponerse a la legalización de la marihuana en lo particular, o a las sintéticas que están por todo el mundo y son baratas. Mantengamos la comunicación en las familias para que los enervantes no encuentren víctimas entre los nuestros; no permitamos que nos alcance la desgracia.

CARLOS OROZCO GALEANA

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