TAREA PÚBLICA

Dios sí existe

Por: Carlos Orozco Galeana

Si hay un debate permanente en diversos espacios informativos y especialmente de corte religioso es sobre la existencia o inexistencia de Dios, a grado tal que en España se hizo una valoración sobre el tema que arrojó un convincente 66 por ciento a que sí existe.  

Este debate se nutre de las opiniones de clérigos e investigadores de alto rango, de científicos, de sabios como el físico inglés Sthepen Hawking, uno de los más famosos del siglo pasado y del actual, quien se desdijo de lo que había afirmado años antes: que Dios sí existía por la perfección de todo lo creado.

“Debió haber habido un principio, un impulso mediante el cual brotó la vida a instancias de un Ser supremo hacedor. La vida es maravillosa para haber surgido de la nada, todo es exacto”. Estas palabras que cito no son puntuales, pero se acercan mucho a la expresión de este científico que, no obstante sufrir una enfermedad cerebral grave desde hace muchos años, es poseedor de una inteligencia excepcional.

Pero Hawking cambió recientemente de opinión en torno a ese tema misterioso y ahora dice que el universo se creo de la nada, sin mediar ninguna fuerza divina. Hombres sabios muy famosos en la antigüedad, como Leibnitz o Albert Einstein, padre de la Teoría de la Relatividad, se manifestaron convencidos de la existencia de Dios, entre muchos otros. Gagarin, el ruso, fue otro hombre famoso que en medio del universo dijo no haberlo visto.

Los hombres científicos, que tienen grandes conocimientos en determinadas materias, deben saber que la ciencia acerca más a Dios, pues a medida que profundizan en sus razonamientos y particularmente sobre el origen de la vida y observan sus fundamentos y equilibrios, no les queda más que pensar que hubo un principio generador de todo.

Ahora bien, ¿qué razones pudo haber tenido ese Dios divino para crear el mundo? se preguntan muchos, y yo podría decir que El creo al hombre y a la mujer por amor. Y no porque a él le hiciéramos falta para ser el Ser que es, o para sentirse realizado, sino porque así lo dispuso. Simple y llanamente: esa fue su voluntad.

Cuando era yo apenas un niño, y sin que nadie me hubiera hablado de Dios, me percaté del ser que constituía yo mismo, me sentí perfecto en mi cuerpo y dueño de una voluntad y una inteligencia. Aún no me maravillaba el universo, el esplendor del sol, el trino de los pájaros, el agua de los manantiales y todas las muestras de armonía del mundo material.

Dios existe en el corazón de cada persona porque en El somos y a El nos debemos.   Somos Espíritu y compartimos su Espíritu. De El venimos y a El regresaremos. Compartimos su divinidad porque somos creación de El y para El. Los creyentes somos hermanos en Cristo Jesús porque compartimos con El la gloria de ser en él sus hijos adoptivos. Este es el fundamento de la fe cristiana.

Pero así como hay millones de personas en el mundo que reconocen la existencia de Dios, hay quienes niegan su existencia. Sus motivos tienen y son respetables, tienen la libertad de pensarlo y de vivir así, sin fe. Esos me conmueven porque pienso que van por la vida en zigzag en términos morales o como la hoja de un árbol en medio de un vendaval. Pero quienes creemos y tenemos fe, sabemos que Dios sí existe y sabemos que nos ama y, porque nosotros sentimos lo mismo, también le amamos.

Que no preocupen a los creyentes los juicios de quienes, siendo hombres de ciencia, no creen en Dios, o de los ateos comunes. Allá ellos, algún día se convencerán de su error. Los que seamos personas de fe, sigamos la doctrina de Jesús, quien nos reveló que tenemos un Padre celestial, magnánimo y dijo, por la boca de su hijo Jesús, que estaría con nosotros hasta el fin del mundo.

Cualquiera persona, en la religión que sea, puede escoger al Dios que le plazca y reconocerlo hasta incluso en un animal como en diversas sociedades antiguas, pero lo que sí es triste es que científicos talentosos ignoren que la ciencia acerca a Dios porque El les dotó de la voluntad e inteligencia con la que incluso le combaten. Y a propósito, recomiendo a los lectores el texto El Lenguaje de Dios, de Francis Collins, quien afirma que Dios se comunica con el hombre a través del Adn, que denomina el Libro de Instrucciones. Está súper.

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