Día internacional contra los ensayos nucleares

Desde el principio de la era atómica, la posesión de armas nucleares ha sido una forma de medir el avance científico y el poderío militar. Para conseguir esas armas y perfeccionarlas muchos países llevan a cabo ensayos nucleares. La primera de tales pruebas se realizó en 1945 y, desde entonces, se han hecho cerca de 2 mil sin tener en cuenta sus devastadoras consecuencias sobre la vida humana.

La reflexión y la historia nos han mostrado las consecuencias trágicas y aterradoras de las pruebas atómicas, especialmente cuando hay fallos en el experimento o cuando se llevan a cabo con las armas atómicas contemporáneas, mucho más poderosas y destructivas.

Para evitar esas consecuencias y crear un mundo más seguro se aprobó en 1996 el Tratado de prohibición completa de los ensayos nucleares que, sin embargo, todavía no ha entrado en vigor.

Con el objetivo captar la atención internacional y poner de relieve la necesidad de prevenir, todos juntos, nuevos ensayos de armas nucleares, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas aprobó en el año 2009 una resolución en la que señala que cada 29 de agosto se observe el Día Internacional contra los Ensayos Nucleares.

En su sitio oficial de internet, la ONU señala que la resolución se aprobó a iniciativa de la República de Kazajastán, para conmemorar la clausura del polígono de ensayos nucleares de Semipalatinsk, el 29 de agosto de 1991.

El Día tiene por objeto alentar a las Naciones Unidas, los Estados Miembros, las organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales, las instituciones académicas, las redes juveniles y los medios de difusión social a que informen, eduquen y sensibilicen al público sobre este asunto como un paso importante hacia el logro de un mundo más seguro.

«Las pruebas nucleares continúan siendo una amenaza para la salud humana y la estabilidad mundial… En este Día Internacional contra los Ensayos Nucleares, me comprometo a continuar promoviendo personalmente la causa de la no proliferación y el desarme nuclear y a intensificar mis esfuerzos para alentar a todos los Estados que aún no han ratificado el Tratado de prohibición completa de los ensayos nucleares a que lo hagan», señala el mensaje del Secretario General, Ban Ki-moon.

En la actualidad, muchas instituciones de defensa reconocen que la seguridad significa mucho más que proteger las fronteras. Pueden surgir graves problemas de seguridad a raíz de los fenómenos demográficos, la pobreza crónica, la desigualdad económica, la degradación del medio ambiente, las epidemias, la delincuencia organizada, la gobernanza represiva y otros acontecimientos que ningún Estado puede controlar por sí solo. Las armas no pueden solucionar estos problemas.

A pesar de ello, se ha dado un preocupante desfase entre el reconocimiento de estos nuevos problemas de seguridad y la propuesta de nuevas políticas para afrontarlos. Las prioridades de los presupuestos nacionales todavía suelen reflejar los antiguos paradigmas. Las inmensas partidas militares y las nuevas inversiones para modernizar las armas nucleares han dejado un mundo que tiene demasiadas armas y destina demasiados pocos recursos a la paz.

Se calcula que el año pasado el gasto mundial en defensa superó los 1.7 billones de dólares, lo que equivale a más de 4 mil 600 millones de dólares al día, casi el doble del presupuesto de las Naciones Unidas para todo un año. Este derroche incluye miles de millones adicionales destinados a modernizar los arsenales nucleares durante las próximas décadas.

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