EL MEJOR CIRUJANO

TAREA PUBLICA

Por: Carlos OROZCO GALEANA

Les cuento que hace algunos años un conocido mío que no creía en Dios se sometió a una operación a corazón abierto. Antes de que se le practicara, estuvo muy agobiado, no era para menos la cuestión, y se le vio triste mientras llegaba ese día funesto para él.

Gracias a Dios y a la ciencia salió adelante, y ¿ qué creen ? platicó a llanto tendido que había visto a Jesucristo empujando su camilla hacia la sala de operaciones y que había sentido mucha paz y confianza en que todo iría bien. Lo vio con una túnica blanca resplandeciente, como diciéndole: no temas, estoy contigo. Su nueva creencia le duró seis meses, volvió a su modo de vida anterior.

Los procesos de conversión no se dan de un día para otro, es camino de largo recorrido en que el hombre ha de reflexionar cómo es su vida y luchar por modificar ciertas conductas viviendo la doctrina cristiana al estilo de Jesús. Vivir como Dios manda, exige sacrificios, desprenderse del yo egoísta para que Jesús ocupe su lugar en nuestro corazón y actúe él en lugar de uno. Es como descentrarse de sí mismo, para que él entre y se apropie de ti.

He leído numerosos textos sobre los milagros que los médicos perciben cuando operan a sus pacientes. Cuando dan por descontado que algunos de estos morirán, sucede lo increíble: su recuperación lenta pero segura ocurre. En esos casos, los cirujanos no encuentran explicación a lo que pasa y piensan que son milagros de Dios. Y se convierten.

Una de esas opiniones la recibí hace tiempo de un magnifico neurocirujano y especialista en la enfermedad de Parkinson oriundo de Jalisco pero radicado en Colima hace ya varios años, el doctor Víctor Manuel Salcido Trigo, que tiene según sus pacientes “las manos del niñito Dios porque lo que toca lo cura”.

El, modesta y confiadamente, me dijo alguna vez que él dejaba “guiar sus manos por Dios”, y me refirió casos de pacientes que llegaron a sus manos prácticamente muertos  por las heridas craneales que presentaron, explicando al respecto que su posterior recuperación fue posible porque “el cirujano fue el Señor”.

Y tenemos luego a Ben Carson,  actualmente
es el Secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano de los Estados Unidos, pero cuando ejercía su profesión médica salvó la vida de muchos niños bajo condiciones de salud muy complejas, tal cual lo ha hecho el neurocirujano, ya colimense por adopción, Victor Manuel Salcido Trigo.

Carson contó el caso milagroso de un niño que tenía un tumor cerebral inoperable. El médico recuerda que los padres del niño tenían “gran fe en Dios” y creían que El lo curaría, pero él tenía poca confianza de que la cirugía pudiera ayudar. “Ellos tenían gran fe y dijeron: “El Señor nos ha enviado aquí”. Pero yo tenía que decirles que no se podía hacer nada en ese caso”.

Después de mucha insistencia de los padres, Carson operó al niño, removiendo la mayor cantidad posible del tumor si quitarlo todo. Los padres no perdieron la esperanza, orando y creyendo que Dios sanaría a su hijo. Aquella fe inquebrantable sorprendió a Carson. “Nunca había visto personas con ese tipo de fe, esperando que el niño se recuperara a pesar de todo”.

Milagrosamente el niño comenzó a mejorar. Después de realizar más exámenes, Carson vio que el tumor del niño ya no estaba ligado al tronco cerebral. Decidió hacer otra cirugía y, para su sorpresa, logró quitar completamente el tumor y salvar la vida del niño.
Carson se consideraba como alguien muy capaz. Como médico ya había hecho con éxito muchas operaciones difíciles, pero la curación inesperada del niño le mostró que fue Dios quien lo guió”.

“Entonces dije: “Señor, a partir de ahora usted será el neurocirujano y yo seré el mejor médico”.

Y un tercer caso de conversión es el de Francis Collins, ateo primeramente y estudioso del genoma humano en Estados Unidos, para quien Dios es el mejor cirujano,( y el mejor matemático también por aquellos de la perfección del universo y la conformación del adn humano, el libro de instrucciones ) puesto que le tocó presenciar numerosos casos de recuperación de pacientes que tenían mucha fe y cuyas posibilidad de sobrevivencia eran nulas. “Dios es magnánimo y hace cosas maravillosas”, siendo el mejor cirujano!