Del (nuevo) diente de circonio

Crónicas Maternas

Por: Citlally Vergara

A veces me siento la mamá loca. Esa que habla con su bebé todo el tiempo, que le explica aunque parezca no entender, que le pregunta cosas esperando una respuesta.

Desde que es bebé, bebé, (porque ya cruzó la línea de la madurez, por más que insista en llamarle así), le hablo como si fuera una persona de mi edad, adulta, con dudas existenciales y todo. Aunque confieso que en ocasiones también le hablo chiqueado porque se me hincha.

El sábado tuvimos la cita con la odontopediatra y por ello le hable a bebé de todo lo que pasaría ahí. Hasta jugamos a los dentistas para explicarle todo lo que le haría la doctora en su diente roto: la pulpectomía, la endodoncia y la puesta del circonio.

Envolvimos a un muppet (al que suele llamar bebé) en un trapito, como le envolverían en la cita. Hicimos el ruido de la máquina (que es lo que más asusta), pusimos un diente nuevo y comimos un elote imaginario.

Ahora pienso que también lo hice para mentalizarme de lo que pasaría y darme fuerza para afrontar una hora de llanto por dolor, sin poderlo detener.

La doctora hizo lo mejor, me fue explicando lo que hacía, qué pasaba, me permitió observar y tomar decisiones en el proceso. Yo abrazaba a bebé cómo podía en su amarrandrijo digno de la Santa Inquisición. Todo el tiempo la sobé sobre la malla que le colocamos para evitar que se moviera, le hablé, le expliqué qué pasaba, le acaricié la cara, el cabello, los bracitos, le besé entre el cambio de utensilios y miré sus ojos cansados de tanto llorar.

La odontopediatra, bruja y aceitera como yo, colocó el mood digno de una cita romántica: música relajante, difusor, lavanda, luz tenue… Muy tranquila y veloz realizó el procedimiento.

Pero, ¡oh sorpresa!, Al estar expuesta la pulpa del diente una semana completa, alcanzó a infectarse la pieza y cuando realizaba la pulpectomía (sacarle su pulpita al diente) empezó a salir pus. Así que la limpieza tomo unos minutos más.

Después otra perra sorpresa, ninguno de los dos dientes de circonio japonés le quedó. Bebé tiene sus dientes muy pequeñitos, así que tuvimos que rebajar más el diente y ponerle un incisivo lateral en el espacio del frontal. Así que otros minutillos más.

La sonrisa le quedó rara, con un diente más largo que los otros, pero funcional. Vamos, pero salvamos su dicción, su mordida y su posibilidad de trozar alimentos.

Hubo un momento, cuando vimos que ninguno le quedaba, que quise ponerme a llorar también, veía a bebé con todo el cansancio y desesperación del mundo que pensé “ya estuvo. Ya póngale el que sea y libérela, ya fue, ya”.

Sin quitar la mano de la pancita de bebé, di un paso para atrás, me puse en cuclillas y respiré la lavanda lo más profundo que pude.

Bebé no me vio cerca y empezó a inquietarse, a moverse más, a llorar de dolor y no de susto. Había pasado casi una hora. No supe qué más hacer. Recargué mi boca en su panza y empecé a vocalizar (a hacer “mmm” en su panza), como cuando le paría. La doctora me preguntó si era algo como cuencos tibetanos. No sé, pero supongo que algo similar, sí.

Funcionó. Quizás no todo el tiempo, pero bebé calmó su llanto, se tranquilizó un poco y permitió terminar el procedimiento.

Una vez acabado, le quitamos la red y la envoltura. “Titi”, dijo. Enchufamos luego luego y Santo Remedio (*inserte coro angelical*).

Aún pegada a la sheshe, estiraba los brazos para agarrar los juguetes de la mesa de la doctora, después se bajó para re explorar el espacio y querer jugar con la odonto. Parecía que no había pasado nada: sin llanto, sin dolor, sin molestia, pero -lo más importante- sin trauma.

Entonces entendí que probablemente sí sea la señora loca que habla todo el tiempo (hablé una hora completa sin parar para que bebé estuviera en calma), pero ¿saben qué? Funcionó. Bebé no teme lavarse los dientes después de eso, no durmió brincando del susto, ni creó animadversión por los dentistas.

Funcionó. Ahora sabe enseñar su diente nuevo y sonreír con su sonrisa dispareja. Cuestión de acostumbrarse.

Así que, queridos lectores, lamento informarles que no, no lloré.

Peeeero, habrá más oportunidades, se los puedo asegurar. Vamos avanzando y chillando menos, eso es bueno.

Pd. Cepíllense bien los dientes y vayan al dentista con regularidad, no querrán pasar todo esto ya grandulones como están. Peace.

#CrónicasMaternas: diente roto (todo bien)