SOCIALIZANDO DATOS

Ejercicio

Por: Balvanero Balderrama García

Hay cosas que son socialmente correctas, a las que generalmente se les da una respuesta afirmativa cuando media algún cuestionamiento. Dos me vienen a la mente, sobre todo en estos días en donde, aún, están presentes los propósitos que germinan en diciembre y fenecen a finales de enero o principio de febrero. Uno tiene que ver con la lectura y lo otro con el ejercicio.

¿Qué piensas de la lectura? ¿Qué opinión tienes sobre el ejercicio? Ante esto, no puede menos que haber respuestas elogiosas, en uno y otro sentido.

Pero, ¿cuántas personas hacen lo uno y lo otro? Dentro de la amplia oferta estadística que tiene el INEGI hay respuestas para ambos cuestionamientos.

Es, la actividad física, una acción con muy buena aceptación entre la población, a la cual se le conceden y reconocen beneficios importantes para la salud física y mental –mente sana en cuerpo sano, lema latino de trascendencia mundial con importante vigencia en el imaginativo colectivo-.

No hay programa de gobierno que no incluya las actividades deportivas y la creación o rehabilitación de espacios para tales menesteres.

También es una importante fuente de ingresos, para quienes se dedican a la práctica de algún deporte de manera profesional y para las empresas dedicadas a su difusión masiva: olimpiadas, futbol, beisbol, basquetbol, tenis, golf, boxeo, artes marciales mixtas, futbol americano, por mencionar los más importantes.

El día de ayer, se compartió información sobre las personas que hacen ejercicio en nuestro país. Y es una realidad que es mayor el número de quienes lo ven que quienes lo practican. El Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico 2018, indica que, en el año de referencia, el 41.7 por ciento de la población de 18 y más años practicaba algún ejercicio físico. De 2013 a la fecha, el mayor porcentaje fue para el año 2014 con 45.4 por ciento.

Hay datos importantes; por ejemplo, hacen más ejercicio los hombres que las mujeres, 48.4% y 35.6 por ciento, respectivamente. Pero existen más variables para el análisis, por qué se abandonó el ejercitarse, razones por las que nunca ha hecho ejercicio, dónde se realiza, por cuánto tiempo, etcétera.

Lo importante de todo esto es, primero, que nos ubiquemos en dónde estamos; sí ya haces ejercicio, felicidades, a seguir con esa práctica. Si no lo haces, pues adelante, nunca es tarde para iniciar; desde sólo caminar, acudir a algún espacio público donde hay aparatos, pagar un gimnasio. Buscando el equilibrio, aquello que te beneficie, ningún exceso es deseable: ni la vigorexia, ni la ausencia total de actividad física.

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