En volandas

LA VERDAD SIN ADJETIVOS

Rubén Carrillo Ruiz

Vivimos la urgencia de un trendic topic o hashtag que atine la verdad en la hondonada que resistimos y salve la deriva, el paso al abismo definitivo. El tuit es género que, por su brevedad, deberían adoptar medios, políticos, profesores y ciudadanos.

Evitaríamos el bisbiseo inaudible que incomunica, propiciaríamos el diálogo fértil, ausente, pero luego me acuerdo –como los memes- que ni periodistas, políticos, profesores y ciudadanos están preocupados por la calidad del idioma. Y eso causa gran tristeza, decepciona. Es el páramo de nuestra vida pública enfrentado al fárrago, al rollerismo ilustrado, insensato.

Otro gallo cantara si la vocinglería, de fondo, apuntara al esclarecimiento certero de los asuntos que tienen al país, estado y ánimo, conectado, sin escalas, a la sima. Estamos en el sótano del entendimiento colectivo y, parece, nadie da su brazo a torcer con seguir escoltando privilegios y cotos de acción minúscula. Genuflexión autoritaria ante la realidad que nos apolilla.

En definitiva, el borrascoso camino de la democracia está en peligro por el cúmulo de simulaciones, conductas esquivas de la ética, del sentido común. Basten, a guisa de ejemplos.

Desde hace un año ocurrió un episodio de sevicia absurda, que nos reintegró a la condición más animal: murieron 43 normalistas guerrerenses, jóvenes, ilusionados, para convertirse en emblema de miles de desaparecidos y ejecutados, que esperan recuperar su identidad y claman justicia desde tumbas clandestinas, lugares ignotos para sus dolientes.

La nueva legislatura federal, ligera, aprobó, para el graderío y sentimientos culposos, que el 26 de septiembre sea recordado como día del desaparecido. Negligentes, como casi siempre, los diputados están orondamente arrellanados en sus curules sin nexos con sus representados. Otro causal de mengua política.

Los acontecimientos de Ayotzinapa sacudieron las acalambradas conciencias nacional e internacional, más preocupadas en el discurso del medioambiente (también notable) que en la raíz del narcotráfico, pobreza, analfabetismo y hambre: unidos son bomba molotov en cualquier tiempo, estallan los indicadores bonancibles del país.

En la búsqueda de la “verdad histórica”, otros intereses se cruzaron para imputar al gobierno federal la culpa completa de los yerros de la izquierda perredista municipal y estatal en Guerrero, que, como los avestruces, clavó el pico, pero evadió su conspiración con la delincuencia organizada y putrefacción política. Por supuesto, las instancias de procuración de justicia federales fueron remisas, de ahí que compartan la responsabilidad última.

Somos incrédulos. Ni la identificación de dos normalistas, a partir de sus restos óseos y exámenes en la universidad vienesa, proporciona confianza en la veracidad de los hechos investigados. Hay tres visiones antípodas. Nula certeza.

Con la intrusión omnipresente del internet y redes sociales ganamos una información ubicua, instantánea, pero con frecuencia vacía, astringente. La red es, ya, nutricia e infértil para construir ese diálogo que mencionó el historiador Enrique Krauze cuando fue entrevistado por la revista emequis.

Sus puntos de vista quedan como guante al panorama desolador que planteo: “estamos sumergidos en una borrachera de denuncias y de indignación estéril, porque ésta es un sentimiento, pero no es un programa de acción política ni un programa para cambiar el país […] Tenemos que buscar las salidas. Pero no basta con denunciar e insultar, no basta con esa protesta cómoda, sinsentido, de Facebook y Twitter. Las nuevas generaciones salieron muy buenas para la denuncia, pero muy malas para la organización […] El debate es pobre. Es politizado. Hay mucha politiquería, mucha vanidad”. Verdades incómodas, pero verdades al fin, sin escamoteos.

rubencarrillo@ucol.mx