TAREA PÚBLICA

Planeación familiar

Por Carlos Orozco Galeana

El Papa Francisco dio de que hablar cuando dijo que para ser buenos católicos no se requería la reproducción humana al nivel de los conejos, ya que eso suponía una atención descomunal para las familias y, además, para toda la vida. 

Los pequeños han de ser criados, conducidos a lo largo de su formación como personas, de ahí que él considere en forma indirecta que ha de procurarse una actitud distinta frente a la necesidad o gusto por procrear, ya que la cuestión de educar a la prole no es una cosa fácil.

El Papa usó ese símil porque, como se sabe, los conejos se multiplican veloz y fácilmente. Cómprese usted un par, macho y hembra, y verá cómo en unos cuantos meses   o semanas tendrá una descendencia muy importante de estos animalitos.

Pues así como ellos se reproducen, hay familias que mantienen la devoción de tener los hijos “que Dios quiera”. Hay la filosofía en algunas regiones en donde se piensa que donde comen tres pueden comer cuatro y donde hay cinco pueden hacerlo seis. Todo facilito.

Además, se piensa que una vez que los hijos crezcan ayudarán no solo a las tareas cotidianas sino que podrán incluso hacerse cargo de compromisos económicos más serios aún a edad temprana. Y esto los padres lo ven con satisfacción, se sienten orgullosos de que sus descendientes ya puedan hacer lo mismo que ellos en el trabajo y los consideran entonces hombres o mujeres “hechos y derechos”.

No saben esos padres que cuando tienen tal disposición hacia su familia condenan a sus hijos e hijas a la ignorancia, a no saber más allá que su entorno reducido. Al escamotearles educación, los condenan a una condición muy desfavorable que provoca el afianzamiento del círculo vicioso de ignorancia, pobreza, miseria, ignorancia.

Ante ese despliegue multiplicador poblacional en varias regiones, es que hubo en épocas pasadas un gran esfuerzo en México para impedir que las familias siguieran creciendo y se circunscribieran a no más de tres hijos. Si no se hubiera hecho eso, seríamos hoy unos 150 o 200 millones de mexicanos y no los 117 que somos hoy. En el otro lado del mundo, China, su gobierno aplica severas sanciones a las parejas que rebasan la cifra de un hijo. Ahí hay mil 600 millones de chinos.

Es así que en nuestro país persisten niveles de pobreza y miseria precisamente porque se ha abusado del afán de procreación. La falta de educación y de sentido de responsabilidad ha exigido de los gobiernos políticas compensatorias que son como aspirinas porque la enfermedad continúa. Pero estoy escribiendo de sectores de población   que por falta de formación no pueden progresar, aumentar sus ingresos, alimentar y educar a la prole, y es ahí donde el país pierde capacidad competitiva.

El Papa ha de conciliar su discurso de llamar la atención sobre el número de hijos con la disposición de la iglesia de no usar ciertos métodos anticonceptivos para evitar la concepción y los nacimientos. Para seguir las normas de la iglesia católica, hace falta educación, sensibilidad e inteligencia de todos. Los grandes propósitos del gobierno, como es la de que se disminuya el número de hijos en los hogares, ha corrido con más o menos suerte, pero ya es hora de que esa política se acompañe de otras con fines constructivos para que estos tengan un entorno de certidumbre y armonía. El Estado no puede dejar de protegerlas y alentarlas.

Siempre serán bonitas las familias numerosas, como las de antaño, pero será mejor que en cada una de ellas se reflexione sobre la conveniencia de tener los hijos que se puedan educar, cuidar y guiar para que tengan una vida feliz.

En las palabras del Papa se encierra, pues, una recomendación a la planeación familiar, una noción que antaño no se escuchó en la jerarquía. La iglesia está observando cómo se deterioran las familias cuando, a falta de una buena educación, de servicios sanitarios y oportunidades de empleo, surgen los desórdenes y las consecuencias que todos conocemos: divorcios, alejamiento del estudio de los hijos, pandillerismo y luego delincuencia, violencia, drogadicción y otros males igualmente difíciles de salvar. Es ocasión de reflexionar una vez más en la planeación de la familia en términos de procreación, principalmente en aquellos casos donde ya hay más de cuatro.