TIEMPOS LÍQUIDOS

Notas sobre la inseguridad

Héctor Manuel Gutiérrez Magaña

La tarea de alguien que está detrás de una columna en un periódico no es sencilla. Los temas que considera importantes a veces no pasan por el interés público, y colgarse de la agenda resulta una actividad sumamente desgastante donde terminas fortaleciendo el juego que pretendes modificar.

Esto tiene para mí un nombre concreto: la seguridad (o la inseguridad) en Colima. Tenemos en nuestro territorio muchísimos asuntos por tratar, y la aparición de ejecutómetros o titulares espectaculares que anuncian balaceras nos desvían la mirada. Por lo tanto quiero regresar la mirada y no hablar de la inseguridad que vive Colima, sino preguntar qué tipo de seguridad tenemos y estamos viviendo.

Y es que inevitablemente el tema me llama, principalmente cuando la oposición política, específicamente el PAN a través de su dirigencia, sale a declarar que “ya se están viendo resultados en materia de seguridad” un día después de que en todos lados se conociera una persecución de la policía que culminó atrapando a los ladrones.

Esto es peor cuando hay medios de comunicación que anuncian cosas como “en 10 días 115 detenidos”. Pasémoslo a otros términos, si de pronto conocemos que fueron atendidos 100 casos de dengue exitosamente en 4 días, ¿nos habla de la eficiencia del servicio de salud? O de la extraña presencia de tantos casos de dengue en tan poco tiempo.

Celebro que esta administración tenga capacidad y eficiencia para atender hechos delictivos, pero no por eso vamos a medir la atención al problema.

Aquí la cuestión es que como sociedad, como medios de comunicación, como partidos políticos, cometemos sin querer una gran irresponsabilidad al decir: ¡el gobierno no hace nada! ¡Hay mucha inseguridad!

Cuando esta sensación flota densamente en el aire, la eficiencia gubernamental siempre aparece. Recordemos el caso del nuit, a pesar de que no se resolvió quienes fueron y porqué, durante las siguientes semanas todos los autos polarizados eran multados, la vida nocturna de la ciudad bajó muchísimo, se incrementaron los patrullajes, etc. Es ahí cuando todos aplaudimos al gobierno y celebramos las medidas de seguridad.

Otro ejemplo, el homicidio de Andrea fue especialmente público y tocó tan intensamente a la sociedad colimense que generó una marcha ciudadana (esas cosas son casi imposibles de que pasen en Colima). Después de eso fue increíble la eficiencia de la procuraduría para atrapar a los culpables. El cuestionamiento de esta historia es cosa aparte.

“Depuración” de policías, buscar reducir la edad penal, más recursos para armamento (como pedía Nabor Ochoa para incrementar la tranquilidad de las familias), policías de élite, operativos, etc. etc.

Cierto es que estas cosas son necesarias, tampoco es que con amor vamos a resolver la situación, pero a este ritmo la carrera en seguridad pública en la Universidad se hará una realidad y se volverá la más demandada, el gobierno lanzará programas con clases de kungfu, regalará gas pimienta y chalecos antibalas para todos. Y curiosamente parece que así lo estamos pidiendo, o al menos así lo están pidiendo las “voces autorizadas”.

Mientras la participación ciudadana siga consistiendo en delatores anónimos y en la recepción de quejas, ni la violencia ni la inseguridad disminuirán como sensación ni como realidad. Mientras la oposición política (partidaria) siga desafiando al gobierno para ofrecer respuestas y ser eficiente sin aceptar que son parte del problema, solo seguirán contribuyendo a que el malestar se acumule.

Colima nunca fue un Estado seguro y tranquilo, cierto es que ahora hay una situación preocupante y debe atenderse, pero difícilmente encontraremos los problemas siguiendo exactamente la misma lógica del gobierno federal, mientras la culpa sea de los zetas y de los de la familia. Como si en este territorio de palmas, semáforos y boyas no tuvieran conexiones e intereses que defender, como si aquí los grupos delictivos no están arraigados y nomás vienen a balacearse y disputarse el territorio.

Una cosa es el crimen organizado, el narcotráfico: tiene una operación internacional, nacional y local, tiene conexiones financieras y políticas que ni siquiera pasan por la estrategia de seguridad del gobierno del Estado. Lo demás ya sabemos cómo opera, antes de que la situación actual se desatara, nos burlábamos de que ante un choque o un robo se movilizaban las fuerzas policiales como si hubiera ocurrido un atentado terrorista.

Hace algunos años, participando en la campaña de un candidato a presidente municipal donde le presentábamos una serie de problemáticas relacionadas al municipio de Villa de Álvarez nos contestó: no hay que olvidar la seguridad, eso impacta mucho a la gente.

Pues bien, la política del impacto puede terminar perdiéndose en su propio círculo, de nosotros depende no desalojar el tema, pero tampoco permitir su desvío, podemos aprovechar esta coyuntura electoral para quitarle la culpa a las fuerzas policiales, que por definición institucional siempre han sido ineficientes en su verdadera tarea.


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