La propuesta del rector narro
Carlos Orozco Galeana
Alguien que sabe bien lo que dice, como el rector de la Unam, José Narro Robles, puso el dedo en la llaga al insistir que no hay mejor antídoto contra los problemas que aquejan al país ni mejor respuesta para sus grandes necesidades que la educación y el empleo.
¿ Alguien, con mejor conocimiento de causa, quiere debatir su razón? Sin educación, dice el rector, no podremos salir adelante y será imposible formar recursos humanos del más alto nivel, en todas las áreas, los campos y sectores de su competencia.
El rector Narro es, sin duda, una de las personas más acreditadas en el país. Es de las voces congruentes que han venido advirtiendo de la catástrofe que vivimos por falta de una política educativa eficaz que otorgue oportunidades a los excluidos y haga cumplir el derecho de todo mexicano a una educación de calidad.
Pienso que, efectivamente, la educación y el empleo son fundamentales para orientar al país por una ruta mejor a la que actualmente sigue. Los gobiernos de la nación han hecho esfuerzos comprobables en esos dos ámbitos, pero sigue habiendo un déficit que se vuelve contra la sociedad. Aparte de ello, se gasta más pero no se avanza en calidad y cobertura.
En empleo, el gobierno federal queda mucho a deber. Hay cientos de miles o millones de personas que no lo encuentran y tienen que refugiarse para sobrevivir en la economía informal. Y lo grave es que ello involucra a personas jóvenes y adultas con una preparación profesional sólida, que van de aquí para allá en busca de ocupación sin encontrar casi nada. Y una mayoría tiene que irse a otros países a buscar lo que no encuentra en el suyo. Estados Unidos y Canadá son, por cierto, destinos más seguros para encontrar empleo.
Yo quise escuchar en los comerciales de Calderón, con motivo de su quinto informe, una autocrítica en este punto pero me quedé con las ganas. El hombre maquilló cifras y eludió los temas escabrosos como el del decrecimiento en la tasa de ocupación. Al año se crean unos 300 mil empleos, cuando los requeridos son al menos un millón. Es decir, cada año lo terminamos con déficit, en ninguno de los últimos cinco se ha cumplido con la creación de un millón de empleos.
En educación, por igual, vamos a la zaga. El rector Narro bien dice que en tanto no sumemos a la economía a esos treinta y tantos millones sin educación básica, seguiremos ocupando el último vagón en el tren del subdesarrollo.
Otro aspecto digno de resaltar son los recursos escasos destinados a la ciencia. La diferencia entre países que sí invierten en este campo respecto a México es abismal. Y ni así reaccionamos. En unos diez años, hasta los países centroamericanos nos rebasarán.
Educación y empleo son, con la seguridad, los retos que el próximo presidente deberá encarar. Es importante que a las propuestas que se elaboren como parte del plan de gobierno, se les dote de certidumbre económica, esto es de presupuesto. Que los distintos candidatos a la silla presidencial nos digan cómo le van a hacer para avanzar en estos temas y en los demás restantes. Que el plan de desarrollo sexenal no sea un catálogo de buenos deseos.
No resistimos más mentiras. El presidente Felipe Calderón mintió al país diciéndole que resolvería el problema del empleo y así se anunció en campaña: el presidente del empleo. Dijo también que ajustaría cuentas con estructuras políticas corrompidas, pero tampoco cumplió. Prometió seguridad y lo que hubo y hay es muerte y hedor por todos lados.
La propuesta del doctor Narro Robles le viene bien a México. Falta mucho trecho por recorrer en la creación de empleo y mejoramiento educativo. Empleos mejor pagados y una educación de más calidad es la demanda nacional. No puede ser que la economía informal o los depósitos de los migrantes sean más el soporte del fracaso del gobierno, porque estas vías tiene sus límites y consecuencias negativas, ni tampoco podemos cruzarnos de brazos cuando nuestros estudiantes ingresan a las universidades públicas con promedios muy bajos. Educación y empleo son pues factores para una vida armoniosa, de crecimiento económico y social. Quien no lo entienda así, es que no conoce México.







































